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El drama de una anciana que tiene una casa dentro del penal de Lurigancho

La única puerta de acceso hacia su hogar es el ingreso por la puerta de una de las prisiones con más reos en el mundo.

A sus 66 años, Juana Lazo Díaz lucha contra un problema diario que no la deja vivir tranquila. Entrar a su casa, es penetrar la puerta de uno de los penales más peligrosos del Perú: San Pedro en San Juan de Lurigancho.

La única puerta de acceso hacia su hogar es el ingreso por la puerta de una de las prisiones con más reos en el mundo. Así empieza un camino de 250 metros desde el control de vigilancia hasta su vivienda.

¿Puede alguien pasar más de 40 años dentro de una cárcel sin haber recibido condena? La explicación se remonta a la década de los 60, cuando su padre, un agente penitenciario llegó a Lima para la inauguración de dicha presión.

A su padre le asignaron esta casa cerca al terreno del penal. Una zona que, según ella, por entonces era desolada y que quedó a nombre de él, según cuenta la mujer.

En 1996, decidieron colocar una malla metálica, que debía cruzar por detrás de su casa; sin embargo, esta terminó encerrándola sobre los límites de una prisión.

Aunque vive dentro de una cárcel, no confía en nadie. A pesar de los dolores y malestares de su edad, Juana no quiere salir de ese lugar y solo desea una indemnización por encierro parcial.

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